
En el debate sobre la posibilidad de que las parejas del mismo sexo puedan adoptar, debe prevalecer el mandato de la Constitución Mexicana que en su artículo 4° exige la protección del bienestar superior de los niños y por lo tanto, se debe tomar en cuenta “el factor de riesgo” en la conducta homosexual ampliamente estudiada en naciones donde el tema ha sido debatido ampliamente.
Estudios científicos representativos de Brasil, Holanda, Noruega, Inglaterra, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Francia y Australia dados a conocer por el Instituto Mexicano de Orientación Sexual, concluyen con suficiente claridad, que las personas con conductas homosexuales configuran “un perfil de riesgo” en contra del bienestar de los niños adoptados.
Y es que en comparación con las personas heterosexuales, presentan mayores problemas como: intentos reales de suicidio, depresión y consumo de sustancias adictivas; son más proclives a desarrollar conductas de riesgo en materia de enfermedades de transmisión sexual; y tienen una tendencia significativamente mayor a sufrir violencia en su vida de pareja en comparación con las personas heterosexuales
Durante los últimos 15 años, han sido realizadas 31 importantes investigaciones a nivel mundial por parte de instituciones, entre las que se encuentran la Facultad de Medicina de Sao Paulo en Brasil, el Centers for Disease Control and Prevention (CDC), y el Department of Justice de los Estados Unidos de América, y el National Centre in HIV Epidemiology and Clinical Research de Australia, por mencionar sólo algunos ejemplos, cuyas conclusiones señalan la presencia significativa de conductas de riesgo en la población homosexual que afectarían el bienestar de los niños en casos de adopción.
La evidencia científica disponible permite inferir con suficiente fundamentación que los modelos familiares heterosexuales y homosexuales no son equiparables en cuanto al bienestar superior de los niños, pues su componente fundamental: los individuos adultos que deciden integrar una familia, tienen una historia de conductas de riesgo notoriamente diferente.
La Organización Mundial de la Salud define el riesgo como “la probabilidad de un resultado adverso, o un factor que aumenta esa probabilidad” (WHO, The World Health Report. Reducing risks, promoting healthy life).
No se trata de una generalidad, subrayó el Instituto Mexicano de Orientación Sexual sino el riesgo que significa la presencia de tales conductas en una posibilidad claramente mayor, que vuelve necesario el diseño y aplicación de políticas públicas preventivas para proteger el bien superior de los niños.
Por ello, el Instituto mencionó que textos científicos sobre la violencia realizados en países como Estados Unidos y Brasil, muestran que la población homosexual ha experimentado en su vida íntima y sexual un cantidad de violencia notoriamente mayor que la población heterosexual, lo cual configura un perfil de sufrimiento humano y de riesgo para su integridad física y mental.
La encuesta nacional de los Estados Unidos de América sobre violencia en parejas: “Extent, Nature, and Consequences of Intimate PartnerVviolence. Research Report”, realizada en 2000 y aplicada a una muestra nacional representativa de 14 mil 216 casos (U.S.A., Department of Justice, 2000), señala que las mujeres lesbianas reportan haber sido víctimas de violencia de parte de su pareja (una o varias) en 39.2% de los casos entrevistados, mientras las mujeres heterosexuales reportan 21.7 porciento.
Si bien en ambos casos el porcentaje es muy elevado, es notoriamente mayor en las mujeres lesbianas. En cuanto a los hombres homosexuales, 23.1% reportan haber sufrido violencia de parte de su pareja (una o varias), mientras los hombres heterosexuales sólo reportan haberla sufrido en 7.4% de los casos. Es decir, la violencia sufrida por los hombres homosexuales en su vida íntima y sexual, es tres veces superior a lo sucedido en los hombres heterosexuales.
En tanto, un estudio representativo realizado en localidades urbanas de Brasil en 2005, a una muestra de 5 mil 040 hombres y mujeres, también se encontró que los hombres homosexuales habían sufrido violencia sexual en su vida en una cantidad significativamente mayor: 20.2% de los casos, en comparación con lo sucedido en hombres heterosexuales: 4.9% (”Intimate partner sexual violence among men and women in urban Brazil, 2005″ Schraiber, D’Oliveira, 2008).
Por otra parte, dio a conocer un estudio de 532, 000 personas que tienen SIDA en los Estados Unidos de América, realizado en 2006 por Centers for Disease Control and Prevention y que concluye que los homosexuales son el único grupo de la Unión Americana donde hay una creciente cantidad de enfermos con SIDA; lo anterior, debido a su mayor disposición a tener relaciones sexuales de alto riesgo. En cambio, en el grupo heterosexual, hay una disminución en la cantidad de personas infectadas con SIDA (CDC, 2009).
En Australia también se observa de 2000 a 2006 un incremento en la cantidad de enfermos de SIDA, debido sobre todo a lo sucedido con los hombres homosexuales: 70% de los casos identificados, lo cual contrasta con lo acaecido en los hombres heterosexuales: sólo 18% de los casos (Guy, McDonald et al., 2007).
En cuanto al consumo de drogas, el “factor riesgo” individual que repercute en lo social, se sustenta en un estudio de 9 mil 888 personas en los Estados Unidos de América, en el que los hombres homosexuales y las mujeres lesbiana reportaron un consumo significativamente mayor de drogas como cocaína, heroína y marihuana (en un porcentaje de 110% o más) en comparación con las personas heterosexuales (Cochran, Ackerman et al., 2004).
Otros estudios aplicados a estudiantes de Estados Unidos también muestran, en términos generales, la misma tendencia: “Ecstasy use among college undergraduates: gender, race and sexual identity” (McCabe, Boyd et al., 2003), (Boyd, McCabe et al., 2003) y (”Sexual and drug use behavior among women who have sex with both women and men: results of a population-based survey” Scheer, Peterson et al., 2002). Y lo mismo sucede en investigaciones realizadas en Inglaterra y Gales, “A systematic review of mental disorder, suicide, and deliberate self harm in lesbian, gay and bisexual people” (King, McKeown et al., 2003).
Las tendencias suicidas como factor de riesgo. En Holanda, país con una cultura altamente favorable a la comunidad lésbico-gay, se aplicó una consulta a 5 mil 998 personas en el estudio “Suicidality and sexual orientation: differences between men and women in a general population-based sample from The Netherlands” (Graaf, Sandfort et al., 2006), que concluyó que el 40.2% de los hombres homosexuales entrevistados había contemplado el suicidio y 14.6% se había causado deliberadamente algún tipo de daño físico; en cambio, en el caso de los hombres heterosexuales, el problema era mucho menor: sólo 7.8% había contemplado el suicidio, y 1.6% se había infligido algún tipo de daño.
En relación con los mujeres lesbianas, 23.3% había contemplado el suicidio, y 4.7% sí se había ocasionado algún tipo de daño; pero en las mujeres heterosexuales la situación era menor, pues la relación era 12.3% y 3.1%, respectivamente.
En Estados Unidos en el 2007 se realizó un estudio nacional (”Sexual orientation and risk factors for suicidal ideation and suicide attempts among adolescents and young adults”. American Journal of Public Health (Silenzio, Pena et al., 2007), aplicado a 14 mil 322 jóvenes adultos de 18 a 26 años, que mostró que las personas homosexuales habían presentado tres veces más intentos de suicidio que lo sucedido con los heterosexuales.
Tendencias similares se observan en estudios hechos en Nueva Zelanda y dados a conocer por el Instituto Mexicano de Orientaci´´on Sexual. En un estudio longitudinal aplicado a 1 mil 007 jóvenes de 21 años de edad , donde se encontró que las personas con orientación homosexual habían realizado intentos de suicidio en una cantidad 6.2 veces mayor que las personas de orientación heterosexual (”Is sexual orientation related to mental health problems and suicidality in young people?”. Archives of General Psychiatry. Fergusson, Horwood et al., 1999).
Lo mismo sucedió en Australia, Noruega y en numerosas investigaciones sobre la relación entre suicidio y conductas homosexual (Remafedi, French et al., 1998) (Paul, Catania et al., 2002) (Koh y Ross, 2006) (McAndrew y Warne, 2004) (Pinhey y Millman, 2004) (Kitts, 2005) (Russell y Joyner, 2001). En el caso de Francia, un estudio nacional realizado en 2005 a 4 mil 075 personas, mostró que los hombres homosexuales habían idealizado el intento de suicidio en 3.77 veces más en comparación con los hombres heterosexuales (Legleye, Beck, et al, 2009).




















